Un ministerio más que necesario

Hace casi un siglo la bonanza del salitre era el sueldo de Chile, llegamos a ser los productores número uno en el mundo y ¿qué pasó? No innovamos en nada, siendo uno de los países más afectados por la crisis económica mundial de 1929. Como lo es hoy el Cobre, seguimos perseverando en el error histórico, vendiendo sin procesar. Debemos dejar el estancamiento y comenzar a generar tecnología que nos permita dar un salto real al desarrollo.

Chile tiene muchas aéreas potenciales, grandes yacimientos de Litio, los cielos más limpios del mundo, las reservas más grandes de agua dulce, territorio en la Antártica, más de 4 mil kilómetros de costa, el desierto más árido del planeta y mucho más, sin embargo, quienes manejan la economía se conforman sólo con seguir alimentando y engordando sus fortunas familiares, importándoles muy poco o casi nada la sustentabilidad.

Necesitamos más científicos y que estos sean valorados, necesitamos una masa creciente y crítica que desarrolle conocimiento en distintas aéreas y para ello es urgente una institucionalidad estatal fuerte, robusta que apoye, fomente el emprendimiento y la matriz productiva de nuestro país. Por lo que la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología responde a esa necesidad país, que debe ir de la mano con el proceso de descentralización que se impulso en el gobierno transformador de la presidenta Michelle Bachelet.

Esta nueva institucionalidad tendrá que articular su trabajo con los sectores productivos a lo largo y ancho del territorio nacional, junto con despertar aún más la conciencia sobre el cuidado del medio ambiente, uso de energías limpias, para así evitar la depredación irracional de nuestros bosques, santuarios naturales y beneficie de este modo a la sociedad en su totalidad, abriendo el abanico de favorecidos aportando una visión de futuro a Chile.


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